[...] Tomándome entre sus manos y acariciándome con dulzura, se expresó con palabras que nunca podré olvidar, así como tampoco la forma en que las pronunció: "Mi pequeño amigo Grildrig; habéis hecho el más admirable panegírico de vuestro país. Habéis probado con perfecta claridad que la ignorancia, la ociosidad y el vicio, son los ingredientes adecuados para integrar a un legislador digno de ese título; que las leyes son mejor explicadas, interpretadas y aplicadas por aquellos cuyos intereses y capacidad se dedican a saber deformarlas, embrollarlas y eludirlas. Me doy cuenta de que habéís tratado de esbozar una institución que, en su origen, pudo haber sido aceptable; pero que ya está casi esfumada y el resto totalmente mancillado y substituido por corrupciones. De todo lo que habéis dicho, no se puede concluir que sea necesario poseer alguna perfección para aspirar a algún cargo, y mucho menos que se ennoblezca y honre a los hombres por sus virtudes, ni que los sacerdotes asciendan por su piedad e ilustración, los soldados por su conducta y valor, los jueces por su integridad, los senadores por su amor al país, o los consejeros por su sabiduría. En cuando a vos —continuó el rey —, que habéis dedicado la mayor parte de vuestra vida a viajar, me inclino a creer que hasta el presente habréis escapado de los vicios de vuestro país. Pero, por lo que puedo colegir, de su mismo relato, y las respuestas que con tanto trabajo os he arrancado y extraído, no puedo por menos que llegar a la conclusión de que la mayoría de vuestros nacionales, pertenecen a la raza de bichos más odiosos que la Naturaleza haya permitido arrastrarse sobre la superficie de la tierra.
(SWIFT, Jonathan, Los viajes de Gulliver, 1726)