Su vida
Extiende completamente sus miembros, respirando lentamente.
Sus oídos dejan de escuchar lo que le rodea, solamente puede captar el breve latir del corazón que le recuerda que sigue viva.
Su lengua saborea los rastros de agua que el sol calienta en sus labios.
El olfato no recuerda el olor, porque realmente no huele nada.
Y su piel se siente desnuda, y ella se siente desnuda. Expuesta, llena de miedo.
Pero lo que hay después... es un interminable silencio. Uno donde no existen sus demonios, ni sus ángeles. No los hay porque ella no existe en ese momento; y eso le llena de paz, de una tranquilidad espantosamente abrumadora.
Y ella quisiera estar ahí por siempre, allí donde no duele nada, donde nada es recordado, donde la nada es el todo.
Pero la nada nunca se queda por mucho tiempo, porque al cabo de aquel íntimo momento, ella decide regresar a intentarlo una vez más. A intentar vivir una vez más.
Aruheri
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